DEL ESCRITOR IVÁN CARVAJAL
En el 2006 se encontraron: esta vieja izquierda cultora del autoritarismo y de la beatería, las ONG que habían prosperado gracias a las migajas de la filantropía internacional, los viejos intereses oligárquicos en plan de remozamiento, en medio de un ámbito social que pugnaba por el cambio, pero sin ninguna organicidad, sin ningún proyecto. Un síntoma de esta inexistencia de organicidad, de proyecto social, de comprensión del momento, se puede advertir en el hecho de que una consigna disparatada como es la pretendida lucha contra la partidocracia haya encontrado semejante eco como el que encontró. ¿Partidocracia? Por más que el Dr. Borja sacó a relucir su Enciclopedia de la política, todos repitieron en coro el disparate de un periodista guayaquileño, en un país que justamente carecía de partidos. Contra lo que había que levantarse entonces, como ahora, era contra el caudillismo populista, contra el autoritarismo prevaleciente en los "movimientos", y desde luego en esas caricaturas de partido que todavía hoy llevan ese membrete (como en ese receptáculo de los desechos de los partidos de izquierda que tuvieron, pese a todo, sus momentos de dignidad en el pasado, que hoy lleva el nombre de FADI-PSE).
Toda esa confusión de grupos e intereses diversos se lanzó a la tarea de encontrar un caudillo que pudiese juntar lo que es imposible de juntar: afanes de cambio social, de política democrática, de estado de derecho, con los intereses de aquellos que invertirían en la campaña para recomponer grupos oligárquicos, o para lucrar de contratos petroleros o mineros. El caudillo que estuvo a mano fue Rafael Correa Delgado, un economista que ideológicamente respondía a una mezcla abigarrada de ideas provenientes de la doctrina social de la Iglesia, de la CEPAL, del movimiento Milenio 2000, de un keynesianismo tibio, con una obsesión absoluta por el control tecnocrático de la sociedad, con afantes populistas semejantes al peronismo, es decir, con una ideología que nada tiene que ver con la izquierda, y tampoco con el liberalismo político. Ese caudillo llevó de la mano a los encargados de recomponer los intereses oligárquicos...
En el proceso de destrucción de la poca institucionalidad que quedaba en el país, hay una grave irresponsabilidad de la izquierda al haberse entregado a los vaivanes del régimen de Correa. Comenzó por un acto que evidenciaba un proyecto de peligrosa deriva autoritaria: no presentar candidatos al Congreso de 2007. Luego, impulsó una asamblea constituyente sin presentar ninguna propuesta. La Constitución de Montecristi tiene que ser sometida con urgencia a crítica. Es algo que no puede eludir la izquierda corresponsable del desastre que vive el Ecuador en este momento. Es una Constitución en la que, a más de una retórica supuestamente democrática que en su afán de recoger todas las reivindicaciones de derechos, que raya en el delirio, configura la estructura del poder político autoritario que rige en el Ecuador.
¿Están al tanto ustedes, estimados amigos, de la orden directa de Correa para que queden sin efecto los convenios de investigación con las universidades, pasándose por alto una convocatoria nacional de hace casi un año, la elaboración de proyectos y programas por parte de nuestros escasos científicos (elaboración que supone cientos de horas de trabajo, un enorme esfuerzo intelectual), un proceso de evaluación nacional y otro con pares internacionales, y que se produce cuando los procesos de investigación habían ya comenzado? Es la segunda vez que Correa destruye procesos de investigación ya en marcha, porque le da la regalada gana, y para que ejecuten su regalada gana encuentra por supuesto personajes sin ética que cometen cualquier atropello. Porque no hay ningún argumento mediamente razonable para que el señor Correa, en persona, entre a destruir este proceso, a no ser su enfermiza soberbia. Correa es el principal enemigo que han tenido las universidades ecuatorianas en las dos últimas décadas; cuando hubo condiciones como nunca para avanzar en consenso, su autoritarismo arrojó por la borda cualquier posibilidad de cambio.
No podemos, de ninguna manera, a cuento de criticar el desastre institucional del pasado, dejar de denunciar que vivimos en un régimen de irrespeto total a las normas, en un ambiente general de incivilidad, corrupción, arbitrariedad.
¿Quiénes han sacado el mayor provecho económico en estos cuatro años y medio de gobierno de Correa? Los grandes empresarios del comercio, los banqueros, los ensambladores de cualquier industria, no podrían estar más contentos y satisfechos... Y por supuesto, los intereses chinos en el petróleo, en las finanzas. Ya vendrá la venta del país a las mineras (si es que no se lo ha acabado de vender ya).
No estoy de acuerdo en restar ninguna responsabilidad a Correa y su régimen. No estoy de acuerdo en andarse con circunloquios. Yo estoy frontalmente en contra del autoritario gobernante empeñado en hundir para siempre al Ecuador.
Saludos,
Después de un largo período de destrucción de las instituciones del Ecuador, el anhelo de los ecuatorianos de encontrar vías para la reorganización del Estado, para alcanzar un acuerdo democrático básico, con procedimientos civilizados, que estuvo presente, hay que reconocer, en la llamada "revolución ciudadana", terminó en una frustración más. (Aclaro que yo no adscribí en ningún momento a este proyecto; que desde el inicio me mantuve ajeno a esta suposición). Esta frustración no es el resultado de una "traición" de Correa, no. Es la obvia desembocadura de un proceso que desde el principio estuvo marcado por el aventurerismo y la irresponsabilidad de la izquierda, por el deterioro social que es el caldo de cultivo - y por desgracia, de la reiteración - del caudillismo clientelar, que supone una corrupción grave de la población (votos a cambio de bonos, o de acciones que se suponen son las propias de cualquier gobierno), y porque la vieja oligarquía, especialmente la vieja oligarquía guayaquileña, necesitaba un remozamiento. Lo viejo estuvo desde el inicio en este proceso.
Hay una izquierda que supone que encaramándose en el poder, gracias a los caudillos populistas que le dan algún espacio en la estructura burocrática, puede cambiar las condiciones sociales. Es una izquierda que ha sido educada en el autoritarismo a pretexto de "centralismo democrático", en el culto a los caudillos. No hay imagen más deplorable que la del izquierdista beato: adorador de imágenes, adorador de jefes partidarios, y finalmente adorador del caudillo populista. Esta izquierda es la que presta el nombre de "revolución" a los regímenes de los caudillos populistas que caminan hacia el autoritarismo. Los izquierdistas que caminan por estos derroteros son aquellos a los que Asaad Bucaram tildó de "chuchumecos"...
En el 2006 se encontraron: esta vieja izquierda cultora del autoritarismo y de la beatería, las ONG que habían prosperado gracias a las migajas de la filantropía internacional, los viejos intereses oligárquicos en plan de remozamiento, en medio de un ámbito social que pugnaba por el cambio, pero sin ninguna organicidad, sin ningún proyecto. Un síntoma de esta inexistencia de organicidad, de proyecto social, de comprensión del momento, se puede advertir en el hecho de que una consigna disparatada como es la pretendida lucha contra la partidocracia haya encontrado semejante eco como el que encontró. ¿Partidocracia? Por más que el Dr. Borja sacó a relucir su Enciclopedia de la política, todos repitieron en coro el disparate de un periodista guayaquileño, en un país que justamente carecía de partidos. Contra lo que había que levantarse entonces, como ahora, era contra el caudillismo populista, contra el autoritarismo prevaleciente en los "movimientos", y desde luego en esas caricaturas de partido que todavía hoy llevan ese membrete (como en ese receptáculo de los desechos de los partidos de izquierda que tuvieron, pese a todo, sus momentos de dignidad en el pasado, que hoy lleva el nombre de FADI-PSE).
Toda esa confusión de grupos e intereses diversos se lanzó a la tarea de encontrar un caudillo que pudiese juntar lo que es imposible de juntar: afanes de cambio social, de política democrática, de estado de derecho, con los intereses de aquellos que invertirían en la campaña para recomponer grupos oligárquicos, o para lucrar de contratos petroleros o mineros. El caudillo que estuvo a mano fue Rafael Correa Delgado, un economista que ideológicamente respondía a una mezcla abigarrada de ideas provenientes de la doctrina social de la Iglesia, de la CEPAL, del movimiento Milenio 2000, de un keynesianismo tibio, con una obsesión absoluta por el control tecnocrático de la sociedad, con afantes populistas semejantes al peronismo, es decir, con una ideología que nada tiene que ver con la izquierda, y tampoco con el liberalismo político. Ese caudillo llevó de la mano a los encargados de recomponer los intereses oligárquicos...
En el proceso de destrucción de la poca institucionalidad que quedaba en el país, hay una grave irresponsabilidad de la izquierda al haberse entregado a los vaivanes del régimen de Correa. Comenzó por un acto que evidenciaba un proyecto de peligrosa deriva autoritaria: no presentar candidatos al Congreso de 2007. Luego, impulsó una asamblea constituyente sin presentar ninguna propuesta. La Constitución de Montecristi tiene que ser sometida con urgencia a crítica. Es algo que no puede eludir la izquierda corresponsable del desastre que vive el Ecuador en este momento. Es una Constitución en la que, a más de una retórica supuestamente democrática que en su afán de recoger todas las reivindicaciones de derechos, que raya en el delirio, configura la estructura del poder político autoritario que rige en el Ecuador.
Correa ya ha expulsado del gobierno y de AP a cuanto izquierdista reclamaba el derecho legítimo a hablar, a debatir. El silencio y la obediencia, esa es la directiva del caudillo. No puede ser casual que de los iniciales miembros de la directiva de AP, todos los que se proclaman de izquierda hayan salido (Acosta, Larrea, Amores), y que queden nada menos que los compinches directos de Correa: Mera, Alvarado y Patiño. Yo desconfío de la integridad política del Secretario General de AP elegido en Montecristi, supuestamente de izquierda, y él sabe por qué.
No estoy de acuerdo con el manifiesto de ustedes porque dan a entender que ha habido algún cambio social. No es verdad. Ha habido una política clientelar. Y cuando más, el cumplimiento de las mínimas responsabilidad de cualquier gobierno. La educación ecuatoriana, que conozco bien, nada ha ganado en su organicidad, en su calidad, con este gobierno. Las universidades y los procesos de ciencia y tecnología han sido objeto de una acción directa de destrucción por parte de Correa y sus acólitos fieles, como el señor que detenta la dirección de SENPLADES, el inventor de disparates como el biosocialismo (¿acaso no les suena a fascismo?), el bioconocimiento o la ciudad del conocimiento.
¿Están al tanto ustedes, estimados amigos, de la orden directa de Correa para que queden sin efecto los convenios de investigación con las universidades, pasándose por alto una convocatoria nacional de hace casi un año, la elaboración de proyectos y programas por parte de nuestros escasos científicos (elaboración que supone cientos de horas de trabajo, un enorme esfuerzo intelectual), un proceso de evaluación nacional y otro con pares internacionales, y que se produce cuando los procesos de investigación habían ya comenzado? Es la segunda vez que Correa destruye procesos de investigación ya en marcha, porque le da la regalada gana, y para que ejecuten su regalada gana encuentra por supuesto personajes sin ética que cometen cualquier atropello. Porque no hay ningún argumento mediamente razonable para que el señor Correa, en persona, entre a destruir este proceso, a no ser su enfermiza soberbia. Correa es el principal enemigo que han tenido las universidades ecuatorianas en las dos últimas décadas; cuando hubo condiciones como nunca para avanzar en consenso, su autoritarismo arrojó por la borda cualquier posibilidad de cambio.
Su régimen ha sido del todo ajeno al desarrollo cultural del Ecuador. No estoy de acuerdo en "salvar" el despilfarro de dinero, el tráfico de influencias, los beneficios a dedo, realizados por ese adefesio que llaman Ministerio de Cultura. No estoy de acuerdo en olvidar el oportunismo y la ramplonería que ha fortalecido ese Ministerio, pues ya venía del pasado (y también de la mano de la llamada izquierda).
No estoy de acuerdo con el manifiesto porque me parece tibio. No hay ninguna revolución que salvar, ni ninguna que tengamos por delante. Ante nosotros está solamente el desastre del Ecuador, que venía de atrás, es cierto, pero que ha terminado en la destrucción actual por obra de Correa y sus secuaces.
Debemos llamar a los izquierdistas que fueron parte de este proceso a que mediten en lo que han sido estos últimos cinco años. No más caudillos que nos ayuden, supuestamente, a encaramar a la supuesta izquierda en el poder. ¿Por qué no aprendemos algo de los indignados españoles, por caso?
No podemos, de ninguna manera, a cuento de criticar el desastre institucional del pasado, dejar de denunciar que vivimos en un régimen de irrespeto total a las normas, en un ambiente general de incivilidad, corrupción, arbitrariedad.
¿Quiénes han sacado el mayor provecho económico en estos cuatro años y medio de gobierno de Correa? Los grandes empresarios del comercio, los banqueros, los ensambladores de cualquier industria, no podrían estar más contentos y satisfechos... Y por supuesto, los intereses chinos en el petróleo, en las finanzas. Ya vendrá la venta del país a las mineras (si es que no se lo ha acabado de vender ya).
No estoy de acuerdo en restar ninguna responsabilidad a Correa y su régimen. No estoy de acuerdo en andarse con circunloquios. Yo estoy frontalmente en contra del autoritario gobernante empeñado en hundir para siempre al Ecuador.
Saludos,


Desde Italia, me permito de concordar con el escritor Iván Carvajal. Me parece que Correa, hasta cuando representava de alguna forma las ideas de personajes como Acosta, podía encarnar las esperanzas de ver mejorar las instituciones del Ecuador, en una América Latina que, toda, quiere encaminarse hacia una democracia que garantice los derechos y las perspectivas futuras a todos. Desgraciadamente, los últimos eventos están demostrando que Correa solo está renovando la tradición de los caudillos de América Latina.
ResponderSuprimirHace poco tiempo, me gustaba decir que en Italia preferiría Correa a Berlusconi, ahora no lo pienso más, Correa es mucho peor.
De todos modos me gustaría también decir que no veo muchas perspectivas en un nuevo proyecto cultural y político en Ecuador, come en toda América Latina, que excluya a los movimientos y a los intelectuales indígenas y, como en el pasado, aún sea expresión de los criollos y de los mestizos. El riesgo de repetir los errores del pasado es demasiado alto.
Roberto Marras
De: Sonia Rodríguez Jaramillo
ResponderSuprimirAmigas/os
Volví a leer el artículo de Iván Carvajal, vuelto a leer me hace mas sentido... Reconocer lo que se hace en el país...ciertamente no es un merito, es lo que las autoridades debería hacer...solo que al no haberlas hecho durante décadas...se evidencian y al conjunto de la población animan.
No hay credibilidad en funcionarios de alto rango...sus actos han sido y son públicos hay niveles de corrupción alarmantes...en los ministerios, contrataciones....no han disminuido...no se si han crecido o son nuevos funcionarios en las terribles practicas. Cuál es el camino para que la cabreason, si existe el término, sirva... Lo que miro y aprecio de los indignados de España es que han logrado movilizar a gente de diferentes edades, personas mayores...niños/as, de manera creativa y vistosa, los alemanes con las protestas para reducir la energía nuclear también, movilizando a las familias, niños/as, adolescentes...crecerán y mirarán al mundo diferente, en Chile....mucha gente joven...protestando porque la universidad no sea una empresa, un negocio mas, que la calidad mejore. Sus argumentos y peleas son políticos, no solo reivindicativos, clientelares.... Los jóvenes españoles han caminado por plazas y pueblos llevando sus ideas
Iván comenta con información veraz las barbaridades que están pasando en las universidades, en investigación. en la Católica de Gye, las elecciones reprodujeron una campaña y un triunfo electoral cuya prioridad no es la producción científica, la exigencia académica....
Cómo hacer camino aquí? Confió que detenerlos a leer, escribir, pensar...sea un paso.
cocholateada@hotmail.com