El presente texto es una versión revisada del que fuera presentado en la Feria del libro de Quito de 2009. Entregué una versión condensada considerablemente abreviada a la revista Cuadernos Hispanoamericanos, de Madrid. Su próxima publicación en Ecuador procede, en primer lugar, de mi interés en que la propuesta que contiene sea conocida y, si se encuentra algún interés en ella, también discutida, en estos momentos en que en Ecuador, en Latinoamérica y en todo el planeta nos vemos abocados a una toma de decisiones globales cuya necesidad sentimos todos de un modo tal vez ciego pero acuciante, y para lo cual no sabemos si estamos preparados. Ante ello, lo mejor será iniciar cuanto antes un debate amplio y desinhibido, y que la arrogancia y la vanidad de quien solo está dispuesto a decir cosas definitivas no nos impidan hablar para todos. La segunda razón para dar estas páginas simples a la imprenta es el aprecio que tengo por la laboriosidad y la solidaridad de Carlos Calderón Chico, que ha tenido a bien pedírmelas para la publicación en la Universidad de Especialidades Espíritu Santo (UEES) que tiene la suerte de contar con sus servicios.
Mario Campaña
Rasquera, 26 de diciembre de 2009
POSIBILIDAD Y NECESIDAD DE UNA CIVILIZACIÓN
AMERICANA
EL ANTECEDENTE
Me referiré a la posibilidad y necesidad de un proyecto americano, siguiendo la tradición iniciada en el siglo XIX, que tiene su primer hito en Simón Bolívar y se alimenta de las visiones de numerosos pensadores como Sarmiento, Rodó y Montalvo, de entre quienes destacaré a Andrés Bello y José Martí. De Ecuador, me referiré a los esfuerzos de Jorge Enrique Adoum y Miguel Donoso Pareja por pensar la condición ecuatoriana. Subrayo, al empezar, que no intento abogar por un nuevo estado, una nueva nación o un nuevo gobierno a los que pudieran adjetivarse de americanos. Mi intención es referirme a algo radical y sustancialmente distinto, algo que va más allá de un sistema económico o político, a una civilización nueva. Esta ponencia será una continuación a los escritos presentados en el blog ‘Nuevas Cartas’, en el que entre julio y agosto de este año se llevó a cabo un debate sobre la cultura en el Ecuador, iniciado el 12 de julio de 2009 con una carta abierta dirigida al presidente Rafael Correa. En aquella ocasión los debatientes estuvimos de acuerdo en los siguientes puntos:
Primero: El vínculo de la cultura ecuatoriana con la occidental. La realidad histórica de la conquista española, y los trescientos años de colonialismo, nos pusieron en la órbita cultural europea, en su periferia. El profesor Iván Carvajal lo dice de un modo expedito: “… estamos inscritos en el cumplimiento de una historia de occidentalización del mundo que para bien y para mal se ha realizado en los últimos siglos”. En efecto, la cultura occidental se ha extendido y se ha implantado progresivamente, adoptando diversas peculiaridades, en Ecuador, en América latina y en todo el planeta. En América latina vivimos en “un mundo poscolonial colonizado”. Hablando de las sociedades europeas, el eminente filólogo e historiador de la cultura alemán Erich Auerbach afirma: “lo grecolatino-cristiano de su origen es lo que las une (…) incluso si Europa, como un día Roma, pierde su poder, incluso si se deshace su existencia, habrá preformado la vida en común de los hombres sobre el planeta”. Segundo: Necesidad, en el debate y en la acción política, de ampliar el concepto de cultura hacia uno sustancial y práctico. El debate debe ampliarse al conjunto de la cuestión cultural, ética y estética. Tercero: La necesidad de una intervención profunda en el campo educativo-cultural, de “emprender un proyecto educativo y cultural de largo aliento, profundo, y generar un movimiento extensivo hacia grupos de trabajo y talleres en las ciudades grandes y pequeñas, en los poblados, en los paraninfos y en los rincones más apartados; Sonia Manzano habla de “líneas de acción o programas en los que el ecuatoriano común sea protagonista indiscutible de los hechos culturales”. Cuarto: La intervención cultural debe buscar un cambio en la realidad del mundo de la vida ecuatoriana, una transformación que afecte a la vida práctica y diaria de todos los ecuatorianos; se trata de hacer de la cultura un factor de desarrollo armónico y de civilización verdadera. Quinto: El reconocimiento de que esta tarea rebasa las competencias y capacidades de un ministerio, tal vez incluso de un gobierno: el movimiento transformador de la cultura debe atravesar toda la vida del país, de un extremo a otro.
II RELANZAR LA DISCUSIÓN: EL PELIGRO HAGIOGRÁFICO
El marco de Feria del Libro de la ciudad capital de un país como Ecuador, en pleno proceso de cambio, tal vez sea el adecuado para relanzar un debate que, según me parece, debería conducir a establecer la idea de la nueva civilización americana como el objeto privilegiado de la reflexión en este continente. Uno de los mayores peligros de todo proceso renovador es el hagiográfico, la tendencia a elevar a alturas excesivas a los personajes y obras por las que nos sentimos acompañados o iluminados. Es este un peligro que lesiona al mismo personaje al que se pretende honrar. El problema principal de la figura que así es elevada es su efecto neutralizador respecto a toda facultad crítica. Las ideas y las obras de los santos y de los héroes nacionales o continentales ya no se discuten: se acude a ellas como a un dogma. Cuando eso ocurre, se tiende a no discutir de verdad, sino solo a aplicar recetas, a situar a un personaje histórico y su trabajo en un lugar etéreo, fuera de la vida, en un terreno inútil y hasta pernicioso. Y sin embargo, tomar en serio sus ideas –cosa que no se hace con la canonización-, someterlas a una amplia y continua confrontación con las circunstancias cambiantes, con otras ideas, con nuevos proyectos, es el mejor homenaje que se les puede rendir. José Martí aseguraba que “los hombres han de vivir criticándose porque la crítica es la salud”. La grandeza americana, creyó Martí, “es la del examen”. De otro modo, el pensamiento del gran hombre, de la gran mujer, se nos convertirá en dogma, repito, y como dice el mismo Martí, “el dogma que vive de autoridad, muere de crítica”. “¡No tenemos necesidad de héroes muertos legendarios!” – escribió Joseph Roth– “Necesitamos hombres sin leyenda (es decir, anónimos) que se batan [o se hayan batido] por la causa de la humanidad”.

Pigíos en flor
Bosques de La Esperanza, Ecuador
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Nuevas Cartas (título sugerido por el poeta Edwin Madrid, que alude a las conocidas Cartas al Ecuador, de Benjamín Carrión) es un espacio público permanente para el diálogo, la discusión, el debate que necesitamos llevar a cabo acerca del presente y el futuro de la cultura y la vida ecuatorianas.