CUESTIONARIO PARA MINISTRO DE CULTURA DE ECUADOR
1. A diferencia del presidente y del movimiento País, usted no suele hablar de ‘revolución’ o alguna forma de transformación radical, y los instrumentos que usted ha promovido desde el ministerio -como las bases técnicas de los fondos concursables o el proyecto de ley de cultura- tampoco parecen apuntar a ello. ¿Cree usted que se puede impulsar una revolución, sea ‘ciudadana’ o de otro tipo, sin que tenga lugar una transformación profunda y radical en la cultura de un país? ¿Cree usted que las políticas y los programas que usted ha impulsado en el ministerio son revolucionarios en términos estrictos? ¿En qué sentido lo serían?
2. De la página web el ministerio de cultura, así como por sus cartas y declaraciones, señor ministro, colijo que no está usted particularmente interesado en que el país emprenda un proceso de revisión crítica rigurosa de su herencia cultural y del tejido de valores culturales vigentes en el mundo práctico, el de la vida de cada día de los ecuatorianos. ¿Puede explicarnos qué hace que desestime usted eso que a otros, como los firmantes de la Carta al presidente sobre la cultura, nos parece una necesidad urgente?
3. Con respecto al proyecto de ley de cultura, la página web del ministerio destaca que en su discusión “participaron más de 5.000 gestores culturales de todo el Ecuador”. El énfasis en la cantidad y en la procedencia geográfica de los ‘gestores’ parece indicar que el ministerio valora ciertos procedimientos democráticos que habrían llevado al consenso, cuyo fruto sería el proyecto de ley presentado al congreso. ¿Puede usted asegurar que esa discusión ha tenido un nivel cualitativo análogo al cuantitativo que se destaca? ¿El proyecto es esencialmente fruto de esas discusiones y no el desarrollo previsible de las matrices preparadas desde el comienzo por el ministerio? ¿Descarta usted que se pueda afirmar, como ha hecho Matilde Ampuero, que las “convocatorias [a las discusiones] se limitaron a ser talleres, casi siempre relacionados con charlas previas, donde los monitores y delegados del ministerio eran también los relatores y secretarios, o llevaban su propia gente para serlo. Muchos de los asistentes terminamos pensando que habíamos entrado en una nueva etapa: la del simulacro”?
4. ¿Por qué el proyecto de ley de cultura hace tantas declaraciones repetidas y obvias y por tanto innecesarias en algunos casos, y, en cambio, no incluye ninguna disposición específica acerca de aspectos ampliamente reconocidos como deficitarios y conflictivos de nuestra realidad cultural, como el centralismo? ¿O hay en la ley alguna disposición efectiva y específica acerca del centralismo? ¿No es una ley un instrumento idóneo para disponer de manera específica y no meramente declarativa acerca de ese tema?
¿Por qué en la convocatoria para los fondos concursables se excluye del grupo de ‘postulantes’ al concurso a los ecuatorianos que residan en el extranjero? ¿Impera acaso aquí una idea de lo ‘nacional’ subordinada a la territorialidad?
¿Por qué cree usted que la mejor opción para la definición de los proyectos culturales estratégicos para el país es que se los encargue a ‘delegados’ y a funcionarios públicos, sin exigir de estos delegados o funcionarios una calificación estricta y responsable, suficientemente demostrada por la envergadura y riqueza de su trabajo intelectual previo?
7. ¿Sabe usted por qué el presidente Correa no ha contestado la carta que le dirigimos hace más de dos meses sobre la situación de la cultura en Ecuador? ¿Carece acaso de interés en el tema? ¿No le parece el tema suficientemente relevante como para dedicarle atención directa?

Doña Blanquita, mujer campesina de La Esperanza
Por qué las fotos que ustedes ponen como declaratoria social son referidas únicamente al hombre como sujeto, por favor no me digan que aún persiste en ustedes el viejo dilema de quién es primero el hombre o la mujer la mujer o el hombre. Esto que parece algo sin importancia tiene implícito el signifcado de cultura de la nueva época. Así que, antes de emitir algún concepto que envuelva a la palabra cultura, a ponerse al día en los nuevos paradigmas sociales, que las mujeres también existen, todavía la fecundación in vitro está en pañales y somos necesarias y contamos.
ResponderSuprimirGracias por su opinión y aporte a Nuevas Cartas. Mi nombre es Matilde Ampuero y soy la responsable de colocar las imágenes (fotografías y obras de artistas) en el blog. Desde el principio la idea de crear un espacio donde fuera posible debatir sobre cultura, o aquello que consideramos cultura, me remitió a un proyecto en el que participo y que tiene que ver con visibilizar a los pueblos campesinos de la costa del Ecuador, sus tradiciones, oralidad y visualidad. La Esperanza se encuentra ubicada a dos horas (por camino de verano) de la carretera principal Guayaquil-Pedro Carbo y fueron los miembros de la asociación de agricultores de la zona (ATAHUAFO) quienes encargaron un año atrás a artistas y gestores culturales, académicos y especialistas en antropología y comunicación, construir y aplicar estrategias de difusión para el desarrollo turístico de la zona, la puesta en valor de su cultura y la conservación de su hábitat . Precisamente algunos de las fotografías del blog muestran los rostros de estos hombres y mujeres, niños y viejos campesinos que están luchando, día a día, con el abandono, con la falta de educación y, en general, con la invisibilidad no solo de su cultura (digna, recia) sino de su existencia. Uno de los principales planteamientos del Proyecto La Esperanza, publicados en uno de los párrafos del blog: http://proyectolaesperanzaecuador.blogspot.com, es, precisamente, “… la equidad de género y el reconocimiento al rol femenino en la vida rural ”
ResponderSuprimirLamento entonces parecer “no estar al día con los nuevos paradigmas sociales”, como señala en su comentario, cuando sé, he visto y admiro, a la mujer campesina, a la montuvia de esta zona a quien con orgullo los hombres ponderan, por su altivez, honor, fortaleza y dominio de la agricultura.
Les hago entonces la promesa a nuestros lectores y participantes que publicaremos más rostros y actividades de estas mujeres que instintivamente han conservado el ecosistema y que siguen enseñando (con alegría) a sus hijos las tradiciones y la sabiduría del campo.
matilde