Ministro de Cultura,
Creo que puedo decir a nombre de quienes firmamos la “Carta al presidente Rafael Correa sobre la cultura en Ecuador”, que su mensaje de ayer 9 de septiembre nos reconforta. Personalmente le doy un valor especial porque conozco bien las ineludibles “razones burocráticas”, que absorben desmedidamente a un funcionario y a menudo amenazan con menguar las facultades visionarias -digámoslo así-, que también requiere el ejercicio de responsabilidades públicas como las suyas. Al trascender esas razones y mantener la comunicación y la disposición al debate con un simple grupo de ciudadanos, demuestra usted una actitud responsable y democrática, de respeto y escucha, y eso lo valoramos todos.
Permítame que le asegure que nuestras intenciones no son interferir en su gestión. Sabemos, simplemente, que el destino colectivo impone deberes no solo a los gobernantes sino a todos los habitantes de un lugar, de un país. Las doce personas que firmamos la Carta al presidente, y las personas que participamos en este debate, queremos contribuir, desde nuestra condición, con nuestros recursos y nuestras limitaciones, a los cambios que estimamos necesarios en nuestra sociedad, particularmente en el campo cultural-educativo, que nos es familiar por razones profesionales. Ojalá pueda usted considerar con esta óptica la tarea a la que transitoria y voluntariamente nos hemos abocado.
Tengo la esperanza de que en breve podamos hacer propuestas concretas al ministerio, al gobierno, a las instituciones relacionadas con la cultura, al país entero, acerca del cambio cultural estructural, que vemos como condición para un futuro distinto al penoso tiempo de hoy. Por ahora mucho apreciaríamos que se pronunciara usted acerca de la propuesta de creación de un instituto de investigaciones culturales expuesta en el foro nuevascartas.blogspot.com. Por los extraordinarios resultados obtenidos en lugares en que se impulsaron investigaciones culturales vinculadas con el orden de la vida práctica, y dada la complejidad de los problemas que deberían ser tratados y atacados, el imaginado Instituto podría ser un motor y una luz en el proceso a emprender. En el pronunciamiento que respetuosamente le solicitamos nos gustaría que expusiera qué clase de apoyos podría usted comprometer tanto a la puesta en marcha del Instituto como al impulso de “un movimiento creativo de renovación de las formas de convivencia”, también propuesto en el foro, con todo lo que implica de cuestionamiento de los más negativos valores culturales imperantes en el país.
En cuanto al debate virtual, le agradecemos que lo proponga. Desde luego, lo estimamos posible y conveniente. Enseguida empezaremos a organizarlo.
Acepte, señor ministro, mi respeto, mi comprensión y mis consideraciones sinceras, y cuente con la colaboración que yo pueda ofrecerle.
Cordialmente,
Mario Campaña
Compañeras y compañeros de la cultura, reciban un cordial saludo de la Coordinadora Cultural PAIS. Estamos atentos al debate y les proponemos revisen el blog http//nuevaculturaecuador.blogspot.com donde podrán encontrar el texto del anteproyecto de ley orgánica de cultura realizado por nuestro colectivo. Todo por la cultura. CCP
ResponderSuprimirLa verdad señor Campaña no entiendo cuál es su propuesta. ¿Quizá encausar la cultura? ¿quizá manejar la cultura? ¿quizá enseñar qué es la cultura? quizá, quizá quizá.....
ResponderSuprimirPodría ser más didáctico, ya que no todos estamos en el mismo nivel intelctual.
Solo ese pedido explicar, enseñar a aprehender y aprender. Gracias
Respuesta a Anónimo
ResponderSuprimirLamentablemente no soy profesor; reconozco que nada sé de didáctica. Trato de expresarme con claridad, pero soy consciente de que la comunicación humana es difícil. Precisamente por eso hemos abierto este foro, para tratar de entendernos, y poco a poco podemos acercarnos a una cierta comprensión de lo que dice cada uno.
Los valores más básicos de la cultura de la sociedad ecuatoriana, los que rigen nuestra conducta, no han nacido ni con usted ni conmigo; estaban antes que nosotros; son nuestra tradición, la herencia que hemos recibido. Esa herencia es rica; no es ni toda negativa ni toda positiva. Pero lamentablemente las negativas son muy graves, y actúan cotidianamente, de modo directo; lastran nuestra vida como personas y como país. En Ecuador, actualmente, la cultura es también un factor de pobreza, de malvivir, de atraso, de desunión, de sufrimiento, de confusión, de violencia, de desigualdades, de resentimientos. No hace falta, creo, abundar en esto; desgraciadamente las pruebas son demasiado evidentes. De todos modos, le pongo ejemplos que usted y todos conocemos bien, de execrables valores que no sólo están vigentes sino que se siguen alimentando a diario, en las familias, las escuelas, los colegios, los medios de comunicación. Prácticamente en todas partes. Son valores con los que crecimos nosotros y con los que estamos educando a nuestros hijos.
Lo que yo digo es que tenemos –la sociedad entera- que revisar a fondo esa cultura, esos valores, y escoger qué queremos de esa masa hereditaria, y qué no queremos, y actuar en consecuencia. A esa llamo yo revisión crítica de las bases de las culturas que nos constituyen, la occidental y las ancestrales. No será tarea fácil. Hay problemas fáciles de identificar, pero otros parecen más bien soluciones! Le pongo un ejemplo: ¿qué opina usted de la cultura de la competencia, qué opina de los concursos de ‘genios’ que se fomentan incluso por la prensa? Me gustaría saber qué opinan los psicólogos infantiles y los pedagogos…
Esa no es, por supuesto, la única tarea que tenemos ahora como país, pero, a mi juicio, es la central, la más urgente. Tenemos también que hacer una revisión y reescritura de las diferentes historias. La de las mujeres, la de la literatura, la de los pueblos ancestrales, la de las migraciones.
Muchas otras tareas.
Para esas tareas creo que nos pueden ayudar las investigaciones del instituto que yo propongo.
Hay que seguir pensando.
Mario Campaña*
*Le invito a pensar en las siguientes formas de segregacionismo que se practican en Ecuador:
Étnico: el desprecio a negros, indígenas, los cholos, amazónicos, etc.
Físico: menosprecio a quienes padecen malformaciones físicas (cojos, mancos, vizcos, tartamudos, patuchos, muy altos, gordos, flacos, calvos, etc.).
Educativo: el bajo aprecio que prodigamos a personas de educación no escolar, a analfabetos, montuvios, a estudianes de colegios fiscales no prestigiosos, y, en cambio, la sobreestimación dedicada a estudiantes de colegios de pago, a los muy caros para el presupuesto de la mayoría de las familias.
Nacional: nuestra incalificable malquerencia hacia los peruanos, y, en cambio, la injustificada sobrestimación hacia los nacionales de Estados Unidos y los países europeos.
Sanitario: nuestra actitud hacia personas que padecen enfermedades como el sida o diferentes formas de psicopatías. sexuales: nuestra pavorosa homofobia. todos estas formas de segregacionismo tienen, creo, diferentes y múltiples raíces, pero son también culturales. Creo que así como al ministerio de educación le toca actuar a la vez en niveles muy básicos como el de la infraestructura física de las escuelas y colegios y el de los programas de estudio, así mismo al de cultura le corresponde actuar tanto sobre los contenidos básicos para la convivencia, como los que acabo de señalar -¡y tantos otros!- y sobre asuntos más sofisticados"