RAFAEL CORREA: LAS SEGUNDAS NUPCIAS DEL ESTADO Y LA IGLESIA

La visita del Papa Francisco a Ecuador pone otra vez en entredicho la integridad política y moral del presidente Correa en su relación con los principios constitucionales, particularmente los relativos a la laicidad y los derechos civiles.

Según informa la prensa, el presidente Correa ha expedido un decreto que declara la visita del Papa como un asunto de interés nacional y ordena que los gastos los asuma el Estado ecuatoriano.
Si no es de esperar que líderes de la inconsistencia ideológica de Rafael Correa y Raúl Castro (que se confiesa listo a rezar en público) recuerden el rol nefasto  de la iglesia católica en la historia de América del Sur y rechacen la cruzada que esta iglesia lleva a cabo en favor de una las mayores necesidades de la derecha política internacional, la reevangelización del mundo, que contribuya a la sumisión de los pueblos, cabe, al menos, exigirles que respeten el marco jurídico que todos los ciudadanos nos hemos obligado a observar.

Porque el fomento de una confesión religiosa por parte del gobierno, ¿no transgrede el principio de laicismo, que dispone la separación del estado de las iglesias, el respeto a la libertad de conciencia?, ¿y no incumple el mandato constitucional que ordena favorecer “un ambiente de pluralidad” de la práctica religiosa? Laicismo e igualdad son piedras angulares de la democracia. Y laicismo, igualdad y democracia son conceptos consagrados de la Constitución: su vigencia debe ser garantizada por los gobiernos.

Rafael Correa, reo de serias y numerosas acusaciones por reprimir el ejercicio del derecho “a opinar y expresar su pensamiento libremente y en todas sus formas y manifestaciones”, se presenta una vez más, pese a los subterfugios legales que ha utilizado, en su patética incapacidad para liderar un verdadero proceso de emancipación del país y su población oprimida.
                                   
  Mario Campaña                          
                          Les Cases d’Alcanar, 13 de mayo de 2015



Para Errecé (RC) y la Revolución Conservadora (RC) ecuatoriana

Oh gran padre y oh gran madre de los ecuatorianos
Que heredaste de Atabaliba y de la Cushi el puesto

Que de Eloy Alfaro aprendiste a enarbolar
El símbolo patrio de los sombreros

Que de las montañas rusas recibiste
Tu infusa g ecológica
Por la que aprendiste los milagros
Del agua de borrajas

Oh padre eterno de este tu gran reino
Tú que has obrado el  milagro de reunir

A la derecha y a la izquierda, pues
Merecidamente te bendicen los obispos
Que también rinden homenaje a los criminales
Y asimismo te aplaude el Opus Dei
Que  milagrosamente gobierna en tu gobierno
Y en todos los gobiernos de tu ejemplar reino

Tú a quien con tanta justicia aclaman 49 organizaciones
De veinte países, esa gente ética
Que gobernaba con Bush y gobierna con Rajoy,

Tú a quien celebra la izquierda europea,
Esa que tiene por costumbre mirar desde sus atalayas
Con telescopio a las selvas latinoamericanas

A ti te venimos a advertir nosotros
Tus hijos pecadores, que eternamente
Arderás en los paneles de infierno
Y tendrás que ir a todos los rincones
Que te reclamen, de un círculo a otro
Del infierno, tu morada: a los círculos
De los traidores falsarios cínicos
Al de los usurpadores difamadores simoníacos
Al de los  astutos hipócritas megalómanos
Por la persecución a los que protestan
Y los que discrepan, por los allanamientos de morada
Por tu miserable manera de clasificar a los hombres
En excelentes y mediocres, en héroes y cobardes
Y acusar a los demás
De corruptos  aunque tú también seas corrupto
De mediocre aunque tú también seas mediocre
De cobardes aunque tú también lo seas.

Porque prometiste una revolución ciudadana
Y violenta e inescrupulosamente impones
Una revolución conservadora
Católica retrógrada machista
Capitalista jerárquica represiva

En los paneles de infierno encontrarás a tus predecesores
A los demás falseadores traidores cínicos
Todos idénticos tú y ellos
Los verdugos del pasado y del presente
De las niñas y mujeres violadas
De los niños sobornados
De los perseguidos y los acosados
Los Bonil Martha Roldós Juan Carlos Calderón
Y tantos y tantos otros
Por tu espíritu infame
Por tus jueces testaferros
Tus policías  testaferros
Tus abogados testaferros
Tus periodistas testaferros
Tus asambleístas testaferros

Mientras llegue el día
Porque no sabes lo que significa la palabra Revolución
Ni la palabra democracia ni lo que es lealtad y respeto
Por tu poca educación política
Por tu falta de educación filosófica
Por tu falta de educación sociológica, ¡cállate!
Porque no sabes de ideologías, de género
Ni de naturaleza, ¡cállate!

Si el Nazareno viniera
Del templo a fuetazos te sacaría
En el hocico una patada te daría

Mario Campaña
Les Cases d'Alcanar
Tarragona, España

A "Sambo"

A RAFAEL CORREA

A ti, Oh Mashi Rafael, a quien esperan
Los paneles de infierno
Por los 125000 abortos anuales
Por los 10.416 abortos mensuales
Por los 347 abortos diarios

A ti, Oh Gran Mashi, a quien aguardan
Con impaciencia, en los estercoleros de la historia,
Los Asesinos del 15 de noviembre
Los Criminales de Aztra
Por las 300 mujeres muertas, cada año  

A ti, que has sabido poner a tus compañeros
Y a toda la alianza país de rodillas,
A ti, cuando cuelgues en los paneles de infierno,
En los anales de la infamia por los siglos de los siglos
Te acusarán las muertas, las 13550  niñas y adolescentes.
y te acusará el recuerdo de GINA GODOY
Verdadera Mashi.

MARIO CAMPAÑA
Texto leído en el evento ¨Primera palabra: eros y literatura¨, realizada el 15 de octubre durante la Feria del libro ¨Arte y Erotismo¨ en Guayaquil.


UNA NECESIDAD DE LA DEMOCRACIA ECUATORIANA: ERRADICAR EL PENSAMIENTO JERÁRQUICO DEL PRESIDENTE CORREA Y LA IGLESIA CATÓLICA

“es de dicho ideal [igualitario] de donde ha partido el proyecto
                                                       que hoy nos rige”
                                                              Antonio Aguirre, 4 de abril

                              no hay que atribuir este fenómeno [el afán de preminencia] al
                              capitalismo como tal. Es humano,
                              de derecha y de izquierda, religioso y seudo ateo. En eso creo que
                              termina la utopía igualitaria,
                                                               Antonio Aguirre, 15 de abril


La eficacia de las estratagemas del pensamiento aristocrático-burgués que tanto influye en las democracias representativas es teñir nuestras miradas de un modo tal que para nosotros todos los gatos son pardos, y así se puede decir, como ha hecho el profesor Antonio Aguirre, que el proyecto de la llamada revolución ciudadana nace de un ideal igualitario, y que ese ideal nos rige ahora; y es así como se dice que las jerarquías morales y las visiones jerárquicas de la sociedad son naturales, son “humanas”.

El reclamo de igualdad moral, de trato y de relaciones, no discute, por supuesto, que existen desigualdades naturales entre los seres humanos. En cambio, a partir de una idea común de humanidad, necesidades y derechos, niega que esas diferencias, cualesquiera que fueren, naturales o no,  de capacidades, experiencias, hábitos, costumbres, raza, carácter o méritos, puedan  fundamentar ética, legal y racionalmente diferencias y privilegios, el reconocimiento de derechos inherentes a la condición humana. Ni el valor del soldado, ni el saber de la científica, ni los conocimientos del sabio, ni la belleza de la reina, ni la bondad de la santa, ni la excelencia de la investigadora o el terapeuta, etc., pueden erigirse en criterios de calificación de la humanidad de los individuos y por tanto de fundamento para una diferenciación discriminatoria, de preeminencia o subordinación moral. Todos los méritos son contingentes, incapaces por tanto de generar derechos y privilegios, que solo se pueden atribuir a la especie humana como tal especie. La llamada meritocracia, que reclama privilegios en el acceso a funciones de mando en la esfera pública o privada para quienes hubieren alcanzado mayores méritos profesionales, no puede ser tenida como norma legítima de valoración individual. En una sociedad en que predomine la cultura democrática, una persona que ha recibido un doctorado en un centro académico de prestigio internacional, que conoce cinco idiomas y es hijo de un gobernante tiene el mismo valor moral y merece las mismas consideraciones sociales que un obrero no calificado o un indigente.

Tampoco la virtud puede ser erigida en criterio de distinción. Desde el punto de vista de la cultura democrática, Nelson Mandela y reo cualquiera de delitos contra las personas tienen, ambos, humanamente, la misma condición y los mismos derechos, ni uno más ni uno menos.

Y sobre el éxito, de cualquier naturaleza, como fundamento de distinciones y privilegios, ni siquiera cabe discutir.

La operación intelectual que subyace al entronamiento en todas las épocas del mérito, la virtud o el éxito cono prueba de superioridad es falaz: estos apenas si alcanzan a ser fuente de satisfacciones individuales o beneficios colectivos, sin relación alguna con la substancia de los derechos.  

La dignidad moral y los derechos no se adquieren por formar parte de una familia, un grupo, una clase, una nación o un país sino por la mera pertenencia al género humano. Y la naturaleza humana no admite diferencias de estatus, clasificaciones ni jerarquizaciones: es la misma para todos los miembros de la especie. Las diferencias así llamadas naturales (talento, vocaciones, etc.) carecen de la substancia distintiva necesaria para dar forma a otra humanidad o género que pudiera ser tenido por superior o inferior. Las diferencias, insisto, sean intelectuales, estéticas, morales, étnicas, de género, de aptitudes, etc., sólo pueden ser contingentes y por tanto insuficientes para trascender las fronteras de la especie, en la que radica la fuente de los derechos. Sólo hay una humanidad. Y de ello se deduce que no hay ni puede haber una superior y otra inferior; que no hay ni puede haber razas ni grupos ni clases ni países moralmente superiores o inferiores; que no hay ni puede haber personas con mayor o menos dignidad, ni de manera transitoria ni permanente. El carácter incontrovertible de la unidad y singularidad del género humano es la piedra angular de la democracia, que sólo puede levantarse sobre esa verdad. Como la humanidad es por ahora inmutable e inmodificable, y, en tanto humanidad, no puede ser ni acrecentada ni menguada, los derechos que se derivan de ella, de la mera condición humana, también serán inmutables e inmodificables: sólo pueden ser iguales y los mismos, inalienables e imprescriptibles para todos. Con los derechos y el valor moral de las personas, por ser derivados de la igualdad de la naturaleza, no puede haber excepciones ni matices: todos los miembros de la especie gozan de la misma dignidad. No caben distinciones ni privilegios morales. Este debe ser el límite de toda acción, sea de la naturaleza que sea; esa la línea roja que no se puede sobrepasar. Todas las políticas deben adaptarse a ese límite.

Es evidente que hay doctrinas, estados e instituciones que rechazan este fundamento natural de los derechos y su carácter imprescriptible e inalienable. Los padres de la democracia representativa plantearon distinciones; para Locke y otros pensadores aristocrático-burgueses “la virtud puede dar a los hombres una justa precedencia. La excelencia y el mérito puede colocar a algunos sobre el nivel común”. Es una sentencia que con gusto firmarían el presidente Correa y sus más bienintencionados colaboradores. En ese razonamiento la base del derecho, la justificación de la ‘precedencia’ y el emplazamiento de algunos sobre el ‘nivel común’ no es la humanidad, estable e idéntica para todos, sino el mérito, contingente y accidental y por tanto cambiante. Y Montesquieu, otro de los padres de la democracia representativa, fue uno de los primeros en sostener que la igualdad sólo podía ser política. “On n’est égal que comme citoyen”, escribió: “Sólo somos iguales como ciudadanos”. Probablemente muchos de nosotros, los que hoy debatimos sobre la democracia, podríamos decir lo mismo, para nuestra futura vergüenza. Porque Montesquieu sólo creía en la democracia representativa en tanto ésta era una fusión entre democracia y aristocracia. Asimismo, los estados que contemplan la pena de muerte en su legislación, por ejemplo, rechazan la naturaleza imprescriptible de los derechos, negando de ese modo que estos se adquieran al nacer, por el mero hecho de pertenecer a la especie humana. Del mismo modo procede la iglesia católica (no nos confundamos con la igualdad de todo ante dios); aunque habla de un origen común, siempre ha distinguido a los cristianos -a quienes reconoce mayor dignidad- de los no cristianos. Y entre los cristianos a quienes representan la cabeza de los que son equiparables a los pies del cuerpo social.

El avance en la elaboración y expansión de la cultura democrática requiere, pues, una reconsideración profunda del fundamento de la dignidad moral humana y de sus derechos, así como la disolución radical del pensamiento jerárquico burgués, que en Ecuador tiene hoy como máximo exponente al presidente Correa y su gobierno. De la misma importancia es erradicar el pensamiento y la influencia de la iglesia y la religión católica.

Pues si la igualdad es sólo política o civil, si sólo somos iguales “ante la ley” y la sociedad conserva jerarquías morales que clasifican a las personas en superiores e inferiores, entre la gente de la excelencia y la mediocridad o, en otras palabras, tal vez más claras, entre “gente de bien” y “chusma”, entonces la democracia vale poco; es sólo formal, no verdadera. El fundamento de la democracia no puede ser la igualdad civil, política o económica, aunque éstas formen parte  importante de aquella. En una democracia la igualdad de base, sobre la cual hemos de levantar todas las otras formas de igualdad, es la moral, la que pone en un mismo nivel a los seres por su condición humana, idéntica en todos; la que reconoce a todos, por esa identidad, idénticos derechos e idéntica dignidad, sin diferencia alguna.

Mario Campaña